viernes, 14 de agosto de 2009

Poiesis

Carlos Fleitas


"Tu sabes que la idea de poiesis (creación) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos poiétai (creadores)...Pero también sabes -continuó ella- que no se llaman poietai, sino que tienen otros nombres y que del conjunto entero de la creación se ha separado una parte, la concerniente a la música y al verso, y se la denomina con el nombre del todo. Únicamente a esto se llama, en efecto, "poeisis" y "poietai" a los que poseen esta porción de creación."

Platón: "El Banquete"

Quiero hacer una confesión personal. He perdonado a Platón. Porque aún cuando expulsa a los poetas de su República por "falsos pedadagogos", pone en boca de Diotima las palabras arriba citadas. En resumen: la poiesis es "hacer pasar cualquier cosa del no ser al ser"... "la concerniente a la música y al verso...a ésto se llama, en efecto, poeisis y poietai a los que poseen esta porción de creación." Aquí tengo dos opciones. Dejar que el fulgor de estos pensamientos fructifiquen por sí mismos, o agregar una serie de notas al pie de página de los mismos. He optado por esto último, pues toda escritura es finalmente el arte de perpetuar lo ya escrito, para sustraerlo al olvido que todo lo disuelve.

Del no-ser al ser... Pues el ser, para la temprana filosofía griega, es "presencia", pero no un mero acaecer, sino que es fundamentalmente un surgimiento, un nacimiento, un "salir a la luz y arrancarse al ocultamiento y al no-ser" con la posibilidad de volver en cualquier momento al no-ser y perecer, de no mediar la poiesis que lo extrae del fondo primordial de lo no manifestado y que permanece innacesible. Poiesis que en el caso del verso se manifiesta por via del "decir" que es "presentar la cosa misma dicha o dejar que la presencia misma de la cosa tenga lugar". "Decir" que es también palabra en cuanto "habla" o logos, y en tanto tal, al surgir del fondo primordial del no-ser, es modelada por el poietai mediante la música en cuanto a que ella supone un ritmo, por ende una medida. Al así arrancarse de lo no manifestado y ser modelado por la medida, el ser se re-presenta, siendo esta vez designado por la palabra e ingresa en el cosmos, es decir al ordenamiento de la mutua relación.

La poesía es pues un rescatar, un arrancar, un sacar a luz, un hacer presente mediante la palabra el ser de algo, sosteniéndolo y ordenándolo mediante un ritmo. Y esta función de lo poético es continua, en tanto el destino de la palabra es su ausencia: su no-ser. Poeisis es re-creación continuada por el fundamento mismo de su esencia, como "causa que hace pasar algo del no-ser al ser". Pasaje que es precario, frágil, pues el aparecer como presencia dicha, es producto de una labor y por ende de una provisoriedad que debe ser mantenida por la continua re-creación del ser, que insiste en perecer y ocultarse. Tensión fundamental entre el ser y el no-ser, pero que no es una mera oposición, sino un emerger al ser por vía de la palabra y por ende manifestación respecto de lo no-manifestado.

Hasta aquí la poiesis que surge de la relación del ser en el sentido de presencia, pero también en el sentido de "emerger" "nacer" y "arrancar al ocultamiento", donde la presencia tiene también el destino de un ocultarse. Poiesis que se arraiga en la filosofía presocrática, y que de algún modo Platón retoma, en la conceptuación del ser como "presencia" como "aparecer" y como un pasaje del no-ser al ser. Pero da un giro a la misma, al introducir la noción en la que el ser es no sólo "presencia" sino también "mostrarse" es decir tener un "aspecto" o "eidos". Este eidos se refiere solamente al "aspecto", el mostrar un "aspecto", y es presencia como tal que no se relaciona necesariamente con un nacimiento, ni un arrancar al ocultamiento. Y este aspecto que es lo propio del ser, el eidos, en la concepción de Platón, está intimamente ligado al "ver", que no es meramente visual o sensible, sino que es lo que hace a la relacion del hombre con el ser, es decir, la nota esencial de su existencia como tal. Ver el "eidos" es, superar la apariencia, para percibir el ser, conocimiento superior por oposición al conocimiento de la apariencia o sensible. Despejar entonces de la cosa, lo que la aleja del ser en si de si misma.

Como tal la poiesis es pre-política es decir pre-polis, pero Platón en La República la examina en relación a su función en la misma y hace que deje de ser mera presencia del ser para relacionarla con la verdad y la virtud en la polis. Y allí llega a la conclusión de que: "el imitador o hacedor de la imagen nada sabe de su verdadera existencia, solo conoce apariencias....el poeta imitador implanta una constitución maligna, porque es indulgente con la naturaleza irracional (del alma)... es un creador de imagenes y está tres veces alejado de la verdad"..."pues si permitimos que la miel de la musa entre, ya sea a través del verso épico o lírico, y no la ley y la razón, que de común acuerdo hemos convenido que son siempre lo mejor, el placer y el dolor serán los que gobiernen en nuestro Estado"..."debemos permanecer firmes en nuestra convicción de que sólo los himnos a los dioses y las alabanzas a los hombres famosos son la única poesía que debería ser admitida en nuestro Estado"

Súbito giro de quien, en una de sus primeras obras, en su "Lysis" decía: "y mirad lo que los poetas tienen que decir, porque de alguna manera son para nosotros los padres y los autores de la sabiduría..." Pues el poietai comienza siendo para Platón el agente de la sabiduría, en quienes basa el fundamento de la misma. Y las palabras de Diotima en el Banquete, obra más cercana a La República, los muestra en su condición original deducible de la ontología de la temprana filosofía griega, esto es, de ser los que mediante la música y el verso, sacan a luz el ser de las cosas de la cuna del no-ser. Es más, en el Fedro parece dirimir la cuestion de la fuente de la inspiración de los poietai ya insinuada en su "Ion": las Musas. Y esta inspiración se manifiesta como posesión y como manía en el poietai despertando su "alma tierna e impecable"...."alentándola hacia cantos y toda clase de poesía, que al ensalzar mil hechos de los antiguos, educa a los que han de venir".

Aquí el poietai es titular no sólo de la sabiduría sino que es un "pedagogo" extendiendo su acción más allá de un sacar a la luz el ser de las cosas. Y este "pedagogo" tiene un estatuto y una función tan importante como la del filósofo representado por Sócrates como paradigma supremo. Y Platón advierte que: "Aquel, pues, que sin la locura de las Musas acude a las puertas de la poiesis, persuadido de que, como por arte, va a hacerse un poeta, lo será imperfecto, y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará eclipsada por la de los inspirado y los posesos." Y volviendo al tema central del Fedro, concluye que "tal manía nos es dada por los dioses para nuestra mayor fortuna."

La poiesis es hasta aquí para Platón, sabiduría y virtud, pedagogía propia de un alma "tierna e impecable". Y aquel que sin la inspiración de las Musas intente convertirse en poietai, verá su poiesis "eclipsada" por la de los verdaderos posesos. Selección que se daría por si sola, en virtud de una comparación que se presentaría evidente al destinatario de la poiesis. Selección que no supone un criterio de exclusión proveniente de la filosofía ni de la polis, sino de una ausencia de areté en la propia obra. Selección que no supone expulsión ni restricción, sino que surge espontáneamente por una comparación inmediata. Y la inspiración o posesión, no es un atributo negativo para el alma del poietai, por el contrario, es un favor que otorgan "los dioses para nuestra mayor fortuna".

¿Porqué entonces el súbito cambio en Platón? ¿Porqué limita la poiesis en su República a los sencillos himnos a los dioses y las alabanzas a los hombres notables? ¿Porqué el poietai se transforma en un "falso pedagogo", en alguien tres veces alejado de la verdad que siembra un constitución maligna en el alma de los hombres, alejándolos de la virtud? ¿Son ellos vistos como juzgaba a los sofistas, es decir, como meros "peritos" y no como agentes de una "sofia", de un saber que está relacionado con la verdad y la virtud, propio de los filósofos? Hay dos momentos en la concepción de la poiesis para Platón, uno en el que se apoya en los filósofos que lo precedieron y otro que surge de su nueva posición en lo concerniente al ser de algo? ¿Acaso en La República, la sistematización final de la teoría de las ideas, la alegoría de la caverna y de su filosofía del ser, lo encamina a considerar como únicos pedagogos a los filósofos, capaces de arrancar al ser humano de la apariencia y por ende re-dirigir el ver al "eidos" de las cosas, propio de un "conocimiento superior" y del percibir la verdad en cuanto a una con el ser, llevando por tanto, una recta existencia en el sentido de virtud ?

Quizás la razón de ello , se origina en su alejamiento de la noción de ser de la filosofía presocrática y la introducción de la noción de "eidos" o "aspecto" como lo que hace al ser. Pues en Platón, el ser como eidos, coexiste con la apariencia, entonces es necesaria una operación de despeje, de develamiento, para acceder a él, y por ende al ser en sí, en su núcleo último, en su más prístina intimidad. Y desde ese cambio en su filosofía del ser, es que los poietai no pueden cumplir con la función de la paideia tal como se desprende de su giro conceptual, paideia que recae en los filósofos finalmente. La misión del filósofo es para Platón paideia como una vía negativa que prepara "un cambio en la dirección de la mirada" que hace posible el recto "ver" del "eidos" y no sólo las cosas en sí (apariencia) y en su diversidad, y por tanto, asumir el ser y la verdad de las cosas, reunificando "sofia" como saber y verdad al mismo tiempo.

Y ésta paideia, como tal, se desarrolla en el ámbito en el que el filósofo vive, siguiendo así a la linea demarcatoria establecida por el propio Sócrates al introducir las cuestiones de la polis en la filosofía y al filósofo en la cotidianidad de los asuntos de la polis o como el mismo dijo, en la vida de los hombres. La sabiduría parecería indicar Platón, es adquirida en y por la polis, demarcando el objetivo de la filosofía en una práctica política pues allí se despliega el discurrir humano. Es más, es Platón quien lleva la cuestión del ser, a una interrogación como tema fundamental y urgente de los asuntos de la polis. Dirige la mirada del filósofo a su ámbito existencial y no al ámbito de lo pre-político que es el ámbito del Ser en sí, que supera al de la polis, como aquel en que acontece la interrogación de la filosofía temprana. Y en tanto la pedagogía encomendada al filósofo es cambiar la actitud del hombre arrancándolo de la apariencia, para Platón -luego de introducir definitivamente la distinción entre lo sensible y la idea-, la poiesis queda relegada a una exaltación que lo perpetúa en un mundo de apariencias, de "sombras proyectadas" sobre la pantalla de su existencia y no a la finalidad pedagógica cuyo objetivo es el descubrimiento de la verdad, por apartamiento de lo que engaña al hombre alejándolo del ente como idea, y lo sumerge en un mundo de cosas meramente sensibles e inmediatas.

Pero pudo ser otro el destino de su reflexión. En lugar de mantener el precioso instrumento que Sócrates le legó, a saber un método, cristalizó en un orden político sus resultados provisorios. Es decir, a la vía negativa del método sócratico, que procede por destrucción de lo falso por medio de la crítica del decir o más precisamente del enunciado, detiene su objetivo que es éste y solo éste. Pues la finalidad del método socrático no consiste en producir un conocimiento ni acumularlo, sino deshacerse continuamente de la apariencia de verdad de lo que en el decir, se enuncia como certeza y que el propio método disuelve por demostrarla falsa. Pues aquí la apariencia, es conocimiento de las cosas en sí, en su concretud y no en un percibir de la Idea, es decir la determinación del Ser. Y en el vacío así creado, la verdad, como presencia en sí, puede advenir, en una continua re-creación que quizás sea la auténtica misión de la poiesis. Pero al detener la rueda del método, organizando un sistema -como lo es el de la República- Platón contradijo su esencia y su fecundidad. Exilio sí, pero no de la poiesis, sino del método que es la única permanencia posible, dado la provisoriedad y falibilidad del conocimiento basado en la apariencia.

Platón parecería plantear la misma pregunta una y otra vez ya sea al político, al poeta, al filósofo, al sofista, y a todo aquel que presenta al ser en el decir: ¿Cuál es el fundamento de su logos? Y a continuación viene la puesta a prueba mediante el método que al operar por via negativa prepara la paideia, es decir "el cambio en la dirección de la mirada" y por tanto un cambio de actitud, precondición necesaria para el advenimiento del eidos velado tras las apariencias. Pero el logos es también provisorio en cuanto se presenta como apariencia y por ende alejado del ser, y es necesario despejar aquello que tiene de tal aunque sea cautivante, para restituir su conexión con el eidos., es decir lo que hace al ser.

Al expulsar a la poiesis de la República, Platón opera por una vía positiva, contraria al método. Pero es imposible desoir la pregunta que queda resonando en su obra y más allá de sus argumentos. ¿Cuál es la relación de la poiesis con la verdad y por ende con el ser? El filósofo dió su respuesta, y entre los poietai y los filósofos, eligió a estos últimos en función de su concepción de la paideia y del ámbito vital que delimita para el filósofo, que es el que fundamenta su quehacer. Pero la pregunta ha subsistido y subsiste como interrogación de toda poiesis y en particular de la relación de los poietai con la polis, al menos a partir de Sócrates y en la filosofía occidental. Otro era el ámbito de la poiesis en la filosofía de los presocráticos. Su quehacer se encontraba en el interrogante del ser en sí y en su emerger del no-ser, en el orden cósmico que superaba como ámbito la polis y era por tanto pre-político. Por lo tanto, su complementación no estaba ligada a una paideia, tal como la entiende Platón. De allí que la interrogación de la temprana filosofía griega, sea un quehacer sobre la physis entendida ésta como "engendrar" "dar a luz" o como diría el propio Sócrates: "de lo que hay en lo alto o bajo la tierra", que como tal plantea un entorno con un alcance diferente al del filósofo. Con Sócrates y Platón el filósofo abandona el Ser como única morada para residir en la polis. Deja atrás su quehacer como hombre-en-el ser y deviene hombre-en-la polis. Con Sócrates, el Sócrates histórico, la filosofía pasa de la physis al ethos, entendiendo por tal, su sentido original como morada del hombre. Y Platón da un paso más, vinculando al ethos con la interrogación sobre el ser y la verdad.

Nada es necesario agregar a las apologías de la poiesis, que como respuesta a Platón, los siglos han visto. Salvo una. Alguien que no escribió para refutar o justificar al Académico. Alguien quien ni siquiera conoció sus argumentos. Alguien que no entabló un diálogo imaginario a través de las edades con él. Alguien que no procedía de la tradición y de la interrogación de la filosofía griega. Alguien quien más de dos mil años después, estableció como eje de la poiesis, lo que definió como Fuga-no-makoto. Fue Matsuo Basho el peregrino del haiku.

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